El autoconsumo solar, fotovoltaico o eléctrico es el proceso de generar electricidad para nuestra vivienda, negocio o comunidad de vecinos gracias a paneles solares fotovoltaicos u otros sistemas de energía renovable.
Así, esa energía eléctrica producida se puede consumir directamente en el hogar o almacenar para su uso posterior, reduciendo la dependencia de la red eléctrica y ayudando a disminuir la factura de luz.
Y es que en un contexto global marcado por el aumento constante de los precios de la electricidad, la incertidumbre energética y la lucha contra el cambio climático, generar tu propia energía limpia mediante paneles solares no solo es una alternativa rentable, sino también una forma directa de contribuir al bienestar del planeta.
A esto se suma la eliminación del famoso "impuesto al sol" y la aprobación de nuevas normativas como el Real Decreto 244/2019. Como consecuencia, miles de hogares, negocios y comunidades de vecinos en España se han sumado al autoconsumo fotovoltaico, beneficiándose de importantes ahorros económicos, subvenciones públicas y ventajas fiscales.
En el caso del autoconsumo fotovoltaico, empleamos paneles solares para producir electricidad. De esta forma:
Por ejemplo, si es de día y mis placas están generando 3kW en ese momento, están cubriendo el frigorífico (0,15 kW), la lavadora (1 kW) y las luces LED (0,1 kW), por lo que no pagas nada por ese consumo.
Debemos tener en cuenta que las placas solares funcionan si el día está nublado aunque con peor rendimiento. Por ello, la recomendación suele ser instalar paneles con orientación sur.
Pero, ¿Qué pasa, como en el ejemplo anterior, si produces más energía eléctrica de la que consumes? Todo dependerá de tu tipo de instalación de autoconsumo solar.
Existen diferentes modalidades y tipos de instalaciones, cada una diseñada para adaptarse a las necesidades concretas de cada hogar, empresa o comunidad de vecinos.
Son las más comunes y recomendadas para viviendas, negocios y comunidades urbanas.
Distinguimos 2 tipos: autoconsumo directo y autoconsumo con baterías o sistema de almacenamiento.
Aquella instalación fotovoltaica conectada directamente a la red eléctrica general. De esta forma:
Con esta modalidad puedes ahorrar hasta un 50 % en tus facturas de la luz. La principal ventaja del autoconsumo conectado a la red es que no te quedas sin energía, ya que siempre contarás con el respaldo de la Red Eléctrica.
El autoconsumo solar con almacenamiento es una modalidad que combina la generación de energía solar mediante paneles con un sistema de baterías que almacenan la electricidad sobrante. Así, no solo usas la energía solar mientras se está produciendo, sino que también puedes guardar el excedente para usarlo cuando el sol no brilla (por ejemplo, por la noche o en días muy nublados).
De esta forma, si hay excedente, este se almacena en las baterías y, si sobra aún más, va directa a la red para compensación. Con este sistema se puede conseguir un ahorro en la factura de la luz de hasta un 90%.
También existe la posibilidad de instalar un inversor híbrido y realizar la compra de la batería más adelante, aunque es más costoso que afrontar la inversión entera desde un principio.
Son instalaciones totalmente independientes de la red eléctrica. Funcionan de manera autónoma, lo que significa que:
La principal ventaja es que tienes una independencia total de la compañía eléctrica y se suelen utilizar en zonas rurales o alejadas donde no llega la red: casas de campo, explotaciones agrícolas, refugios, viviendas rurales sin acceso a la red, entre otras.
El autoconsumo compartido o colectivo es un modelo de generación solar en el que varios consumidores se benefician de una única instalación fotovoltaica. En lugar de que cada vivienda o empresa instale sus propios paneles, se realiza una única planta solar y la energía producida se reparte entre todos los participantes.
Este modelo es ideal para:
Según el Real Decreto 244/2019, los usuarios pueden:
El reparto se realiza automáticamente por la distribuidora, sin necesidad de hacer instalaciones individuales complejas.
Las instalaciones con excedentes son aquellas que vierten a la red la energía que no consumes en el momento.
Esa energía sobrante no se pierde, sino que la compañía eléctrica te la compensa en tu factura o te la compra según el tipo de contrato.
Existen 2 tipos de compensación:
La energía que no consumes se inyecta directamente a la red. Así, tu comercializadora te paga por esa energía, pero no te hace un pago directo, sino que te descuenta ese importe de la factura.
El precio de compensación suele rondar entre los 0,05 y 0,06 €/kWh, dependiendo del mercado en el que te encuentres:
Eso sí, debes tener en cuenta que nunca te pagarán más de lo que hayas consumido de la red. Es decir, si te corresponde un descuento mayor que tu gasto, el sobrante no se acumula (se pierde).
La energía sobrante se vende como productor de electricidad. Es decir, el excedente es vendido directamente en el mercado y el productor debe disponer de un representante en el mercado eléctrico.
Sí que es cierto que recibes dinero directamente, pero debes cumplir con más trámites (alta como productor, representante en el mercado, etc.). Se trata de un modelo más complejo, pero puede ser rentable en instalaciones grandes (empresas, comunidades, agricultura).
Concepto | Mercado Regulado | Mercado Libre |
---|---|---|
Precio de energía comprada | Variable (según subasta horaria) | Fijo (según contrato con comercializadora) |
Precio por excedente | Variable (precio mercado menos ajustes) | Negociable (habitualmente entre 0,05-0,06 €/kWh) |
Flexibilidad | Baja (condiciones comunes para todos) | Alta (puedes negociar tarifas, packs solares, etc.) |
Recomendado para | Consumidores pequeños sin interés en negociar | Usuarios que quieran tarifas adaptadas a solar |
Las instalaciones sin excedentes están configuradas para no volcar nada de energía a la red. Toda la energía que producen los paneles se usa directamente en la vivienda o negocio. Si sobra energía, se pierde (salvo que tengas baterías para almacenarla).
Para asegurarse de que no se vierta nada a la red, estas instalaciones incorporan un sistema de inyección cero que limita la producción al consumo real del momento.
Ventajas | Desventajas |
---|---|
No dependes de la normativa sobre compensación. | Pierdes el excedente si no tienes baterías. |
Mayor privacidad (no "interactúas" con la red). | Mayor necesidad de dimensionar bien la instalación. |
Menos trámites (ideal para zonas con peajes difíciles). | Menos ahorro total en la factura respecto al autoconsumo con excedentes. |
A la hora de instalar paneles para autoconsumo solar, los pasos que se suelen seguir son los siguientes:
Reduce significativamente la factura de luz al generar tu propia electricidad "a coste cero".
Como ya vimos anteriormente en el autoconsumo solar conectado a la red eléctrica puedes ahorrar hasta un 50% en tu factura; si a eso le sumas sistemas de almacenamiento puede alcanzar hasta el 90%.
La inversión inicial se amortiza en pocos años gracias al ahorro en costes energéticos.
Existen ayudas y subvenciones que pueden reducir el coste de la instalación que abordaremos a continuación.
Contribuye a la reducción de emisiones de gases contaminantes y promueve la independencia energética.
Uno de los aspectos más importantes y que más dudas genera cuando se habla de instalar paneles solares en casa o en una empresa es el precio real de la inversión.
La pregunta que todo el mundo se hace es: "¿Cuánto me va a costar poner placas solares?" Y aunque no hay una única respuesta, porque el coste final depende de varios factores, podemos dar una visión bastante precisa y actualizada del panorama en 2025.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que el precio de una instalación solar ha bajado considerablemente en los últimos años, al mismo tiempo que los paneles son cada vez más eficientes y duraderos.
En 2025, una instalación para una vivienda unifamiliar puede oscilar desde unos 2.500 euros hasta 9.000 euros, dependiendo de varios factores, como la potencia instalada, la calidad de los materiales y el tipo de empresa instaladora.
Por ejemplo, una instalación pequeña, pensada para una casa con poco consumo (dos personas, electrodomésticos básicos y poco uso de calefacción eléctrica), puede rondar los 2.500 a 3.500 euros.
En cambio, una vivienda grande, con piscina, climatización eléctrica y un alto consumo anual, puede necesitar una instalación más potente, con un coste que podría acercarse a los 8.000 o 9.000 euros.
Además, si decides incorporar baterías de almacenamiento, el precio subirá notablemente, aunque también aumentarás tu independencia energética.
En 2025, el coste de las baterías ha bajado respecto a años anteriores, pero sigue siendo un elemento que añade entre 4.000 y 10.000 euros al presupuesto, dependiendo de la capacidad que necesites.
Otro factor fundamental que influye en el precio final es la calidad de los componentes. No es lo mismo instalar paneles de marcas reconocidas, con garantías de 25 años, que optar por marcas menos conocidas, aunque más baratas.
Lo mismo ocurre con los inversores, que son el "cerebro" de la instalación y uno de los elementos más importantes para garantizar el buen funcionamiento del sistema.
También influye la ubicación geográfica y las características específicas de tu vivienda o empresa.
Por ejemplo, si el tejado está inclinado y orientado al sur, la instalación será más sencilla y eficiente. En cambio, si el tejado tiene sombras, mala orientación o necesita refuerzos, eso puede encarecer la instalación. En algunos casos, incluso puede ser necesario instalar estructuras especiales para orientar los paneles, lo que añade un coste adicional.
Por último, la empresa que realice la instalación también marcará la diferencia. Hay empresas que ofrecen precios muy bajos, pero a costa de reducir la calidad de los materiales o no incluir todos los servicios, como la gestión de los permisos, las ayudas o el mantenimiento.
Por eso, siempre es recomendable elegir una empresa seria y especializada, aunque el presupuesto sea algo más alto, porque al final garantizará una mejor instalación y un mayor rendimiento a largo plazo.
Un aspecto a considerar es que existen costes ocultos que muchas veces no se incluyen en los presupuestos iniciales, como las tasas municipales, los permisos de obra o el coste del boletín eléctrico necesario para la legalización de la instalación.
La clave reside en solicitar un presupuesto cerrado que incluya todos estos gastos para evitar sorpresas al final.
Como siempre con estas preguntas, depende. En la rentabilidad intervienen varios factores como:
Normalmente, una instalación solar residencial se amortiza en unos 5 a 7 años, aunque hay casos donde se recupera la inversión en menos de 4 años si las ayudas son generosas o el consumo eléctrico es elevado.
Y teniendo en cuenta que la vida útil de los paneles solares se sitúa entre los 25 a 30 años, esto significa que tendrás al menos dos décadas generando energía gratuita después de haber recuperado la inversión.
Una de las grandes ventajas de instalar paneles solares en España en este momento es que nunca ha habido tantas ayudas y subvenciones disponibles como ahora. El impulso al autoconsumo por parte del Gobierno, las comunidades autónomas y la Unión Europea ha hecho que los ciudadanos puedan acceder a importantes incentivos que reducen notablemente el coste inicial de la inversión.
En primer lugar, hay que destacar las ayudas procedentes del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, gestionadas a través del Real Decreto 477/2021. Estas ayudas, que se mantienen en vigor durante 2025, están financiadas con fondos europeos y tienen como objetivo facilitar la transición energética, apostando por el autoconsumo, el almacenamiento y la mejora de la eficiencia energética.
Gracias a estas ayudas:
Además de estas subvenciones estatales, muchas comunidades autónomas y ayuntamientos ofrecen:
Para solicitar estas ayudas, es fundamental contar con una empresa instaladora que gestione todo el proceso, desde la solicitud inicial hasta la justificación final.
La tramitación puede ser compleja, ya que exige aportar documentación técnica, presupuestos, facturas, y en algunos casos, certificados de eficiencia. Por eso, trabajar con una empresa experimentada es la mejor garantía de que las ayudas se concedan sin problemas.
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